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 83 años del arribo de un Apóstol a Guadalajara

 

      Hace ochenta y tres años arribó a Guadalajara el Apóstol de Jesucristo Aarón Joaquín González. Habían pasado alrededor de 8 meses desde que inició su recorrido a pie desde la ciudad de Monterrey tras recibir el mandato divino “El jueves próximo quiero que salgas”. No conocía su destino hasta que Dios se lo manifestó.
 

      A su llegada a la perla tapatía, el Señor se manifestó diciéndole que quería que predicara el evangelio en esta ciudad pues allí habría un gran pueblo que sería ejemplo para muchas naciones. Con este hecho se asienta la sede de la Restauración de la Iglesia del Dios vivo, y marca el florecimiento de este enorme pueblo que Dios mantuvo sustentado por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo (Apocalipsis 12; 14) y que hoy se convierte en Luz del Mundo.

     No era la primera vez que llegaba este hombre santo a esta dichosa Ciudad, pero a diferencia de sus otras visitas es que esta ocasión (12 de diciembre de 1926) venia con la encomienda y bendición de Dios, con la misión de traer doctrina del cielo, predicada con poder, de librar a su pueblo de la ignorancia y mostrarnos la verdad y la luz, para alcanzar la vida eterna.



     Han transcurrido 83 años de este suceso histórico. La Iglesia de Guadalajara lo celebra cada año con una reunión en el templo sede internacional de Hermosa Provincia. Este año no fue la excepción. Desde temprana hora el coro de Hermosa Provincia entonaba sus alabanzas. Los coros de Jóvenes, de Bethel y el de la zona metropolitana también estaban presentes alabando a Dios.


     El mensaje del Apóstol de Jesucristo, Samuel Joaquín Flores fue contundente: estamos en días de salvación; la Iglesia del Señor adora al único Dios verdadero. La feligresía presente dio gracias a Dios por la bendición alcanzada.


     Momento emotivo se vivió cuando todos los coros unidos –que ya el día anterior habían tenido un ensayo especial- entonaron a Dios el himno cristiano La Luz del un Apóstol, que refiere en su contenido “pues la obra más perfecta éstas es: que creamos al que Dios quiso elegir”. No se hizo esperar en muchos presentes las lágrimas de alegría y las expresiones de Amén, confirmando el reconocimiento que existe hacia el enviado de Dios, cuya predicación ha llegado a cientos de miles de creyentes en 45 países.

 

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